Desarrollado a lo largo de los siglos, el yoga se ha diversificado en muchas prácticas y filosofías diferentes. Alrededor del siglo II dC e. apareció el tratado Yoga Sutra, una colección de aforismos que exponen sucinta y sucintamente el tema del yoga. En contraste con el concepto inicial de armonía entre el alma y el cuerpo, el Sutra dice que los principios espirituales y físicos deben separarse para purificar el alma.

En la Edad Media, nació el hatha yoga, y es ella la más cercana al yoga moderno. Los practicantes de hatha yoga tomaron en cuenta la filosofía de los siglos pasados, pero prestaron más atención a la limpieza del cuerpo, no del espíritu. Hatha aumentó la variedad de posturas tradicionales de yoga sentado, y además, por primera vez, varias posturas diferentes, o asanas, se dirigieron a todo el cuerpo.

El siguiente y último hito en la historia del yoga fue su penetración en la cultura de Occidente en el siglo XIX. Sobre todo, un maestro hindú llamado Swami Vivekananda hizo esto durante un viaje a Europa y los Estados Unidos. Gradualmente, el yoga en Occidente se transformó principalmente en un sistema de ejercicios, en lugar de una práctica espiritual. El yoga moderno es un punto de contacto entre Oriente y Occidente, así como las filosofías antiguas y modernas, utilizando las fortalezas de ambos.

La ciencia moderna puede calcular el movimiento de la luna y verificar estos cálculos con una precisión aún mayor. Usando métodos de medición por láser, la distancia a la luna se mide con un error de varios centímetros [10]. Dicha precisión la poseen no solo las mediciones, sino también las predicciones teóricas de la posición de la luna; Para tales cálculos, se utilizan expresiones con decenas de miles de miembros, y no hay límite para su número si se requiere una precisión aún mayor.